Hay libros que no deberían estar acá.
O al menos eso creyeron quienes, en distintos momentos de nuestra historia, intentaron decidir qué podía leerse y qué no.
La censura no se limita a la prohibición de títulos.
Es una forma de violencia simbólica y estructural: define lo decible, limita la circulación de ideas y restringe el acceso a la información. Se ejerce mediante normas y prácticas que vulneran el derecho a saber.
En el marco de los 50 años del golpe de Estado y en diálogo con las conmemoraciones del Día Internacional del Libro, presentamos ejemplares de nuestro fondo bibliográfico que permanecen en la colección en ediciones anteriores a 1976. No son piezas aisladas, son parte de una historia en la que la lectura y el acceso a la información fueron (y continúan siendo) objeto de disputa.