En este escrito, el autor usa la sátira para burlarse del poder y la corrupción de la Iglesia de su época. Durante la última dictadura cívico-militar argentina, este ensayo fue prohibido por su aguda crítica a los dogmas y a la autoridad. 


El régimen, estrechamente aliado con los sectores eclesiásticos conservadores, censuró la obra porque no toleraba el librepensamiento. Así, la prohibición demostró que el humor y la ironía son percibidos como armas peligrosas por cualquier proyecto autoritario.